lunes, 14 de febrero de 2011

¿Goleadas...? ¡Las de mi tiempo!

Escribe: Alejandro Rodríguez Tirado


Lo que va de ayer a hoy. Perú, en los Juegos Deportivos Bolivarianos de Bogotá en 1938, sentó cátedra de excelente fúlbol y demostró su poderío. Apubulló a todos sus rivales con triunfos contundentes, particularmente a Ecuador, a quién infringió estrepitosa goleada: 9 a 1. Se dirá que en esa época nuestros competidores estaban en taparrabos en materia de fútbol. No tanto. Ocurría que nuestro balompié se hallaba en un nivel superior y había alcanzado una respetable posición. Sólo habían pasado dos años de la Olimpiada de Berlín, de ingrata recordación, en que la selección peruana tuvo una brillante actuación, selección, que a nuestro parecer, ha sido la mejor del Perú. Fue el cuadro de las grandes figuras de la época de oro del fútbol amateur. Y si la FIFA no anula arbitrariamente ese legítimo triunfo frente a Austria, el Perú se iba hasta la final.


La magnífica perfomance de los juegos Bolivarianos de 1938 se volvió a repetir en 1939 y 1975 con los títulos Sudamericanos. Ahora solo queda recuerdos.


PERÚ LA POTENCIA DEL PACÍFICO

Y en ese cuadro campeón bolivariano, estaban casi todos los que jugaron en Berlín. Esos triunfos categórico frente a Colombia, Bolivia, Ecuador y Venezuela, hablan elocuentemente de la supremacía de nuestro fútbol, en aquel entonces, sobre los países en referencia.
Esa magnífica perfomance en los Juegos Bolivarianos fue, pues, un lauro más de una época próspera del fútbol peruano, que tuvo su máxima expresión con la conquista, por primera vez, del título de campeón en el Sudamericano de Lima, en 1939, título que volvimos a ganar en 1975, ya en la era profesional. Y si Brasil, Argentina y Uruguay eran, y siguen siendo, las potencias de Atlántico, el Perú lo era del Pacífico. Estábamos, pues, también por encima de nuestro vecino del sur, Chile, que ahora se nos ha empinado.

DEBEMOS REACCIONAR

Hoy, apena decirlo, las cosas han cambiado. Es innegable que esos países bolivarianos, principalmente Colombia y Ecuador, han progresado notablemente, se han superado tanto, que hoy llegan a tener, a nivel de clubes y de selección, mayor figuración que los peruanos en contiendas internacionales. Fuerza es reconocerlo. No hay que ponerse venda en los ojos. Ahora al Perú le resulta difícil ganarles a quienes antes vencía fácilmente. Es indudable que, en estos últimos años, el fútbol peruano ha bajado notablemente del nivel que tenía en el ámbito sudamericano. ¿Qué ha ocurrido? Principalmente, que hay escasez de auténticos valores. Predomina la mediocridad. Y sin verdaderas figuras no pueden lograrse grandes aspiraciones. Además, hay otros factores de orden técnico que contribuyen al actual bajo nivel. No ha evolucionado lo debido. Por ello, aparece con defectos. Al fútbol peruano le falta más velocidad, rapidez sostenida, más movilidad y viveza para salir adelante, para llegar y, sobre todo, una cosa muy importante: para superar esa severa marcación, en sus distintas formas, que hoy impera como arma eficaz para anular al adversario. Para la marcación existe la desmarcación, pero sin rapidez no hay desmarcación posible. La lentitud facilita la marcación. Por ello, hay que agilizarse más en jugar sin pelota, vale decir, desmarcarse y desplazarse rápido buscando los claros para facilitar el servicio del balón. No hace falta ser muy observador para percatarse que nuestros jugadores pierden pronto y fácil el control de la pelota, precisamente por falta de rapidez y no saberse desmarcar bien. Y también les cuesta trabajo recuperarla, porque tampoco marcan con eficacia. Se quedan. Hay que disputar más el balón.
El abuso del pase lateral sin penetrar es otro defecto que salta a la vista. Hay que jugar más en profundidad, que es la forma más simple y directa de llegar. La retención de pelota por el firulete innecesario resulta negativa en este fútbol de mucha marca. Hay que soltar rápido la bola, jugarla en primera. Retenerla innecesariamente es darle ventaja al adversario para que se acomode pronto en la marcación.
Hay cosas que el sentido común lo dice. Mucho más viable para llegar al arco contrario es atacar por las puntas y, si es con buenos punteros, mucho mejor. De esta manera se agranda la cancha y se abre la defensa para poder entrar o rematar. Centralizar el juego sistemáticamente es disminuir las posibilidades de llegada. Y esa tendencia acentuada tiene ahora nuestro fútbol. Esto tiene una desventaja previsible: les agrupan gente atrás y así la penetración se torna difícil. Tampoco rematan con frecuencia de media distancia, que es una forma directa de posibilidad de gol.
No es menester ser muy técnico ni tener ojo clínico para percibir estas cosas negativas. Simplemente hay que tener ojos de ver para enfocar, en su raíz, las deficiencias de muestro fútbol actual. No nos extrañará que más de un avispado diga que de todas estas observaciones son verdades de Perogrullo. Sí, efectivamente, son perogrulladas, perogrulladas necesarias que hay que saberlas decir, porque no hay peor ciego que el que no quiere ver, ni peor bruto que él que no quiere entender.

UN RETO POR DELANTE

Ya resulta un lugar común decir que nuestro fútbol ha perdido brillo y figuración; que hasta los demás países bolivarianos se han actualizado más que el nuestro en adecuarse a las características del fútbol moderno. Ante esta crítica, no queda más que reaccionar y mirar adelante y, tener, sí, muy presente una cosa primordial: que el fútbol actual exige mucha rapidez de conjunto, mucha movilidad para atacar y defender a ritmo sostenido; que todo esto requiere un excelente estado físico y disciplina deportiva. La capacidad física, hoy más que nunca, es condición fundamental, indispensable, para afrontar las exigencias del fútbol actual que demanda gran resistencia para poder desarrollar ese intenso trajín que supone subir y bajar para atacar y defender.
Y en la medida que nuestros jugadores se habitúen a un óptimo estado físico para mantener, sin aflojar, un ritmo rápido de conjunto y dejen ese juego remolón, displicente, soso y sin enjundia, se tendrá la esperanza que nuestro fútbol recupere su nivel y el bien ganado prestigio que antes tuvo.


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