martes, 25 de enero de 2011

Alberto Montellanos, otra gran figura de Alianza Lima

Escribe: Alejandro Rodríguez Tirado

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  • Sus goles, sus recuerdos y la esencia de su mágico provoca evocarlo.
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Jugadores, hubo en nuestro fútbol que, pos sus características singulares y clase excepcional, calaron hondo en la sensibilidad del público y por ello se les recuerda con especial delectación.
Hoy que palidece el fútbol nacional, resulta saludable evocar aquellas grandes figuras de ese lejano lindo ayer, y entre ese ramillete de ases hay uno que parece que lo estamos viendo, un malabarista del balón fuera de lo común, con sello propio, por su fina y peculiar manera de jugar el fúlbol. Se llama Alberto Montellanos, una gloria del balompié nacional.





"EL HOMBRE CULEBRA"
Era Alberto Montellanos, ante todo, la elegancia futbolística por excelencia. Elegancia natural, espontánea que, como rico don, le brotaba en su personal estilo de jugar. Hombre de una flexibilidad de goma, de cimbreante cintura, era de verlo serpentear  su figura en lindos gambeteos, recrearse y recrear con su variedad de jugadas de gran vistosidad y fina picardía. Y en medio de todo ese preciosismo, jugaba armoniosamente en función de equipo. Dominador del juego  por bajo, con el que bordaba primorosamente el fútbol, generaba goles con pases rasantes de maestra ejecución, ¡Y qué elegancia en todo su accionar, en todo su magnífico hacer, hasta en su correr sereno, señorial, abriendo garboso los brazos y sacando el pecho como un pavo real!. Era de admirar sus personalísimos mates de pelota con el pecho, y también con los pies, para luego rematar al arco o servirla con certera precisión. Y todo en él era suavidad y delicadeza. No ofendía a la pelota con el pelotazo violento y chacrero. Al contrario, la mimaba, la trataba suave y delicadamente, haciendo las delicias del público con el encanto de su fútbol singular.

GOLES MAGISTRALES

Hasta en sus goles era distinto este gran señor de la cancha. De maestra y fina ejecución, parecían un obra de arte para deleite de la vista y del espíritu.
Nosotros recordamos, entre otros, uno precioso que le dio el triunfo al Perú frente a Chile, por 1 a 0, en el Sudamericano Extraordinario de Lima, en 1935. Fue un gol verdaderamente magistral por la jugada previa y la estupenda ejecución, en que Montellanos, con ese juego alado, fino, culebresco, abrió la defensa chilena, avanzó un trecho y luego, con suavidad y señorío, enfiló un tiro rasante y esquinado, también colocado, que dejó al arquero mirando su trayectoria hasta el fondo de la red  ¡Qué golazo!
Hay un gol histórico, que no llegamos a ver: el que le hizo al famoso Ricardo Zamora, "El Divino", un fenómeno del arco que vino con el Real Deportivo Español (y no con el Real Madrid). Según cuentan aquellos que lo vieron, fue un gol memorable por la forma que lo hizo y a quién lo hizo. Con fina habilidad, Montellanos engaño a Zamora. Amagó con la derecha como para disparar esquinado en esa dirección y el arquero español se inclinó a ese lado para poder interceptar el balón. Con rapidez y maestría, Montellanos cambió de pie y disparó con la izquierda al lado opuesto un tiro suave y certero que dejó desairado al mejor arquero del mundo de esa época. Fue un golazo que significó para Montellanos una gran satisfacción y también un gran susto. Cuentan que Zamora, producido el gol, salió corriendo de su arco tras el "Hombre Culebra", quien, al darse cuenta, corrió también para protegerse, creyendo que lo iba agredir... y era para darle, en bello gesto, un abrazo por la forma tan brillante como lo había batido el único jugador peruano.
Otro gol de los suyos, que tampoco alcanzamos a ver, fue él que le dio la victoria al Perú sobre Bolivia por 3 a 2 en el Sudamericano de Lima en 1927.
¡Y cuántos otros goles más de su marca hizo este coloso que tantas satisfacciones dio a la afición!

SE VA UN GRAN VALOR
Jugadores extraordinarios con personalidad, de características singulares, no se dan con frecuencia o simplemente, no se repiten. No salió otro como Alberto Montellanos, figura señera que dejó luminoso recuerdo en la afición. Aunque relativamente corta, fue brillante su carrera, rica en triunfos, satisfacciones y hermosos episodios. Su retirada, un tanto prematura, produjo desazón, esa desazón que dejan las cosas gratas que se van para no volver. En las postrimerías de su carrera, en 1935, había en la reserva de Alianza, un jugador que venía destacando y esperaba su oportunidad para ser titular. Era Adolfo Magallanes, formidable gambeteadpr, que ese año, precisamente, se consagró como nueva figura aliancista en el puesto que dejó Montellanos, quien se fue las canchas, previsoramente, para seguir encarando, con mayor esfuerzo y coraje, ese otro partido áspero y duro, largo, larguísimo, sin tregua, que es la lucha por la vida, de la cual salió adelante con decoro este modesto trabajador textil, sin más estímulo que el cálido afecto de los suyos y el temple de su fuerza espiritual. Perteneció también al fútbol amateur, época en que sólo se ganaba a cambio de la romántica entrega, los aplausos entusiastas de la hinchada.

EL RUMBO FINAL

y pasan los años, vale decir, sigue su curso la acción destructiva del tiempo de la cual no escapa nadie. Y comienza, en la década del 40, la partida final de las grandes figuras de ese Alianza de su época de oro. Se va primero, a los 33 años, el gran José Morales, que pasa a mejor vida después de penoso final en este mundo, este mundo que es el verdadero infierno. Luego, al poco tiempo, se va también el genial Alejandro Villanueva, a los 35 años, después de largo vía crucis. ¡Se había ido el ala izquierda más grande del fúlbol peruano!
Unos años más, don Alberto Montellanos, el famoso "Hombre Culebra" se iría a reunir con ellos. ¡Los tres grandes más exquisitos, la quintaesencia de ese lindo fútbol de ayer!
Abatido por los males, a este elegante y fácil dribleador en la cancha le había llegado el fatídico momento de enfrentarse, sin poderlo eludir, a ese terrible y felón adversario que a diario suele acechar: la muerte. Y en medio del mustio silencio de su larga noche, emprendió el viaje solitario a ese mundo ignoto de la paz eterna y del olvido. Se había ido una gran figura de nuestro balompié ¡Qué riqueza futbolística hubo en este fino artífice del balón! ¡Y qué placidez para quienes hoy, ya en la recta final!, podemos decir con regodeo: "Nosotros vimos a Alberto Montellanos, el futbolista más fino y elegante del Perú"!

Este artículo fue publicado en el diario "Novedades" el domingo 19 de mayo de 1991.

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